> 22 de Junio de 2018
Una sucesión que exige un replanteo

Reemplazar a Hourcade demandará también repensar la relación entre Pumas y Jaguares. Ledesma aparece como la opción lógica, pero más allá de los nombres urge articular un sistema que contemple desde estilo de juego hasta política de convocatorias. 

El sábado, Daniel Hourcade tendrá la oportunidad de despedirse de los Pumas dirigiendo al equipo. Fue un acierto de la dirigencia comunicar la decisión del cambio de mando luego del segundo partido con Gales. Si no había vuelta atrás, qué sentido tenía “prolongar la agonía”, como aceptó el propio Hourcade. Ahora los jugadores no tendrán la presión de jugar por el staff, y el staff tendrá la posibilidad de enfrentar una salida menos traumática. No de lavar su imagen; no hay nada que lavar. Hourcade les dio muchísimo a los Pumas, pero fue víctima de un proyecto, del que él mismo fue responsable, que estaba condenado al fracaso.
 
Ahora, la misión de la dirigencia no sólo será encontrar un reemplazo que sepa conducir a un plantel virtuoso hacia el Mundial de Japón 2019 y termine el ciclo inconcluso, sino que también deberá reformular toda la estructura de seleccionados nacionales, que incluye a Pumas y Jaguares, principalmente, y aun Argentina XV y Pumitas.
 
La intromisión de Jaguares en el rugby argentino implicó una transición feroz, cuyas implicancias ni la dirigencia ni Hourcade supieron anticipar. A la distancia, quedó en claro que tener el control de los dos equipos, como ocurrió bajo el mandato de Raúl Pérez, altamente subordinado a las necesidades de Hourcade en el seleccionado, no resultó beneficioso. Pero tampoco que estuvieran tan escindidos, sobre todo en el aspecto táctico, tal el caso de lo sucedido durante los últimos seis meses con Mario Ledesma.
 
Esta experiencia dejó en claro, entonces, que los cuerpos técnicos de ambos equipos deben ser autónomos en gran medida, pero deben estar subordinados a una misma línea de juego general que, al momento que se produce el cambio de camiseta (en general, de una semana a la otra), éste sea lo menos traumático posible. Es decir que quien asuma en el seleccionado debe tener un control sobre toda la estructura y afinidad con el entrenador de Jaguares, quien dentro de un sistema de juego general tendrá libertad para operar según su criterio.
 
Los Jaguares tienen que ser un equipo que tenga objetivos unívocos, que procure el mayor éxito posible a lo largo del Super Rugby, como ocurrió este año. Esto redundará inevitablemente en un beneficio para los Pumas. Pero tiene que estar inmerso en un sistema general que lo contenga y que sea común tanto a Pumas como al resto de los seleccionados, también para que los jugadores que se vayan incorporando les resulte más sencilla la adaptación.
 
El Super Rugby, con toda la dificultad que entraña, sigue siendo una gran noticia para el rugby argentino. Sigue siendo una plataforma sin igual para preparar al un plantel profesional a ser competitivo ante los mejores. Suena lógico, pero en algún momento se llegó a cuestionar internamente. El desgaste, la intensidad, el plantel corto hicieron que Jaguares padeciera el certamen durante los dos primeros años, y este padecimiento se trasladó indefectiblemente a los Pumas.
 
Fueron dos años de adaptación que no se llevaron delante de la mejor manera. Es cierto que se iba a lo desconocido y había cosas que se escapaban de las manos por desconocimiento. Pero también hubo errores previsibles y que desde la prensa se advirtió. Por ejemplo, llevar adelante tamaña transición sin un grupo importante de referentes parecía suicida. Y así fue. Había otros caminos más flexibles para atravesar el umbral, como permitir un cupo muy restringido de jugadores que actúan en Europa vestir la camiseta de los Pumas. Es lo que se quiere implementar ahora, acaso demasiado tarde. Hourcade fue víctima de este sistema, pero también fue uno de sus principales impulsores desde el inicio.
 
Está claro que el nuevo sistema debe contemplar la posibilidad de convocar a jugadores del exterior. El riesgo de que emigren los jugadores de Jaguares igualmente persistirá, esté o no esta restricción. Las diferencias económicas entre la Argentina y Europa, maximizadas ahora por la devaluación más allá de que los contratos estén dolarizados, sumado a la exigencia que implica viajar constantemente y estar lejos de los afectos durante tanto tiempo.
 
Pero la apertura debe hacerse con cuidado extremo. El cupo debe ser limitado, entre tres y cinco jugadores máximo por convocatoria. La inclusión de una cláusula con un mínimo de caps en Jaguares y/o para los más jóvenes parece también deseable para evitar el éxodo, pero es riesgosa ya que marginaría a jugadores como Patricio Fernández, Benjamín Urdapilleta y Francisco Gómez Kodela.
 
Por último, queda la cuestión de la sucesión en sí. El nombramiento de Mario Ledesma aparece como la elección más lógica. Desde que se lo contrató para Jaguares en octubre último estaba pensado como un plan B para Pumas. La cuestión que realmente hay que resolver será quién se hará cargo de Jaguares y cómo será la coordinación con Pumas. El nombre de Gonzalo Quesada sonó fuerte. Está sin trabajo, se cayó lo de La Rochelle y los demás clubes del Top 14 ya tienen técnico. Sin embargo, será difícil repatriarlo ya que hace rato está instalado en Francia. ¿Contepomi? ¿Nacho Fernández Lobbe? Dependerá del visto bueno de Ledesma.
 
Más allá de los nombres, lo más importante, y lo más complejo, será articular el trabajo del staff de los Pumas con el de Jaguares. Además, será necesario subordinar la línea de juego de Pumitas y Argentina XV. Con Ledesma, el equipo recuperó algunas cuestiones esenciales para el rugby argentino como scrum y defensa, que se habían perdido en todos los niveles. Esto implicará un cambio más profundo. Requerirá también más dedicación y capacidad de la conducción. El desafío está planteado.
Autor: A Pleno Rugby
Foto: Daniel Salvatori
Fuente: Mundial XV
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