> 26 de Diciembre de 2017
Una oportunidad de reinserción

Vive en la Villa 31, estuvo preso y el rugby le cambió la vida. Definitivamente, la historia Juan Manuel Toconás merece ser difundida para inspirar al resto de la sociedad. De la mano de Botines Solidarios, se reencontró consigo mismo y ahora ayuda a otros chicos. 

Juan Manuel es parte del programa "Libertad, rugby y valores" que busca generar un espacio de desarrollo psicosocial, físico y educativo en jóvenes privados de su libertad. Su vida no es muy diferente a la de la mayoría de los chicos que se crían en uno de los asentamientos de bajos recursos de Retiro pero encontró en la ovalada la manera de modificar lo que parecía ser un destino sellado.
 
“Un sábado, hace 9 años, eran las 11 de la mañana y yo estaba en una esquina del barrio amanecido (sic). Había pegado una gira la noche anterior y vi pasar al doctor (Martín Dotras) con una pelota, iba a enseñarles rugby a los chicos del barrio. Me miró y me invitó a jugar y yo le dije que no, que no me interesaba, que yo jugaba al fútbol. Fue la primera vez que vi la pelota ovalada en persona…”, rememora Juan Manuel.
 
Aquel escenario se repitió durante varias semanas con el mismo desenlace. Hasta que un miércoles, el doctor Dotras, tras una larga charla y logró convencerlo: “Me abrió la cabeza un poco y me la llenó de chamuyo – se ríe-. Me ganó por insistencia. Ese sábado yo no estaba amanecido, fui con mis compañeros y entrenamos. Desde ese momento hasta ahora no me separé”.
 
El joven de 29 años no vacila a la hora de ratificar qué es lo que le llamó la atención del rugby: “Lo que me gustó desde el principio no fue el deporte, sino las personas que me lo inculcaron. Me atrapó la contención que me brindaron. Ahí me empecé a dar cuenta lo diferente que es al fútbol porque en el rugby hay más compañerismo, más amistad”.
 
Juan Manuel no se encontraba en una etapa fácil de su vida: había tenido un incidente con la Policía luego de una disputa entre barrios con armas de fuego. Las fuerzas de seguridad de la Villa 31 lo andaban buscando para resolverlos de manera directa. En ese momento, sus entrenadores (Matías Fernández, Máximo Bianchi y Dotras) fueron a visitarlo y le brindaron su ayuda. “Ellos venían a mi casa, me hablaban, me contenían y me abrieron la cabeza un poco, en el sentido de que me aleje un poco del tema este”, sintetiza. 
 
“A partir de ahí, me empecé a involucrar mucho con el tema del rugby, pero también hacía la mía. Hasta que caí en cana. Una vez que estuve en cana, mis amigos desaparecieron”, habla acerca del punto que marcó un antes y después en su historia.
 
Una vez encarcelado, Juan Manuel debió pasar por el Servicio Penitenciario Unidad 28, la Cárcel de Devoto y el Complejo Penitenciario Federal de Marcos Paz en las que no había cupo, hasta recaer en el penal de Ezeiza. Su condena fue de 3 a 5 meses.
 
“La mejor forma de salir a pelear y romper cadenas es el estudio. Entonces, cuando dejé de estar en cana lo primero que hice fue acercarme al club de rugby, me aferré a las personas que fueron capaces de contenerme y abrirme los ojos. También, a la escuela y pude terminar el secundario”, comenta sobre el fin de su período en la cárcel.
 
“Una vez recibido, empecé a trabajar y ya tenía otro ambiente. Ya no era el puntero del barrio, sino que era un pibe que laburaba y ayudaba a los otros pibes también”, explica sobre su nueva vida en libertad siempre con el rugby como ladero en las demás actividades que realizaba.
 
A pesar de contar con algunas “changas”, Juan Manuel no tenía un trabajo estable, fue ahí cuando apareció Botines Solidarios y le ofreció formar parte de su lucha. “Ya hace dos años que estoy acá. Empecé a ver otra realidad y más cuando comencé a ayudar en a las cárceles. Cuando volví a Ezeiza me sentí muy identificado. Yo digo que en mi barrio tenemos una cultura muy agresiva, muy salvaje. Tratamos de cambiarle la mentalidad a los chicos porque a mí lo que me cambió fue la contención que recibí en el rugby y en el club Villa 31”, detalla.
 
Con el transcurso del tiempo, Juan Manuel enderezó su rumbo y reconoce el cambio que hubo en él: “Me di cuenta que hay otra forma de cambiar las cosas y no por el medio de la violencia. Le hago ver a los chicos lo que yo pasé y que se den cuenta que van a terminar mal. Yo termine mal. Siempre le digo a mis compañeros que nunca me arrepiento de nada porque lo que yo viví ya lo pasé y eso fue lo que me puso vivo en la calle. Pero ojalá que nadie lo pase”.
Autor: Mundial XV
Foto: Daniel Salvatori
Fuente: Mundial XV
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