> 26 de Septiembre de 2016
Semana negra

La presencia de los All Blacks en Buenos Aires genera un ámbito de intensidad en el rugby local a medida que se acerca el test más importante del año. Frankie Deges palpita el gran test del próximo sábado poniendo el foco en el magnetismo que transmiten los hombres de negro.

Los All Blacks no son turistas. Más allá de que se los vea en las redes sociales caminando por la Recoleta, en la cancha de Boca o en otros puntos de la ciudad, o que el sábado a la tarde algunos hayan aprovechado para jugar al golf en Tortuguitas, la temprana llegada del mejor seleccionado del mundo – y ¿de todos los tiempos? – es parte de un proceso de recuperación ya estudiado y, remitiéndose a los resultados, efectivo.
 
El viaje de Auckland a Buenos Aires es de poco más de once horas. La clase ejecutiva de la línea de bandera de Nueva Zelanda que pinta algunos de sus aviones de negro en honor a estos pasajeros que viajan disfrazados de basquetbolistas de la NBA – gracias a que la mejor liga del mundo está vestida por el mismo sponsor – es de las más cómodas en el mercado.
 
En el avión todos tienen indicaciones claras de cuándo comer, dormir, cuanta bebida ingerir y cómo empezar con la recuperación antes del mismo cansancio. No es sentarse a ver películas o jugar con el teléfono.
 
Saliendo el viernes llegan a nuestra capital el mismo día – Los Pumas salen el viernes, pero llegan el domingo en el mismo vuelo que tarda 13 horas. Esto le da al equipo de Steve Hansen ocho noches para recuperarse del jet-lag, enemigo silencioso pero real de quienes cruzan husos horarios de oeste a este, o viceversa.
 
La efectividad en los detalles
 
Es en los detalles que los de negro ganan la mayoría de sus partidos. Son los mejores por un innumerable listado de factores que van desde la preparación física, técnica, espiritual y logística. Llegar nueve días antes a destino les permite trabajar en esa recuperación de manera proactiva.
 
Algunos de esos detalles se ven desde el mismo momento que aterrizan en Buenos Aires. El movimiento de valijas y bolsos personales es aceitado y hasta marca los escalafones dentro del plantel. Todos ayudan, incluidos Steve Hansen y Kieran Read, con la subida y bajada de los elementos al camión que mueve todo desde Ezeiza al Hotel Emperador.
 
Ordenado este caos de movimiento, el entrenador y el capitán son, eso sí, los primeros en subir a sus habitaciones. En contrapartida, los más nuevos son los últimos en dejar el lobby cuando ya todos tomaron sus pertenencias.
 
Son muchos los libros, tratados y notas sobre lo que hace a la leyenda All Black. Queda claro que nadie tiene privilegios, tan solo obligaciones con el equipo y sobre todo con su propia y exitosa historia.
 
Habiendo llegado el viernes, no entrenan formalmente hasta el lunes, teniendo la “obligatoriedad” de salir a recorrer la ciudad el sábado – en zapatillas, eso sí y a pie los tramos lógicos. La primera parte del día es todos juntos, a la cercana Recoleta. La segunda, libre, pero evitando volver al hotel de ser posible.
 
Alcohol permitido
 
Es un equipo de profesionales, sin duda. Por eso, no le asusta al cuerpo técnico permitirles tomar alcohol con la cena del sábado – cerveza y vino en cantidades lógicas para deportistas de elite que puede darse el lujo de tomar de vez en cuando para maridar la comida.
 
Hubo trabajo en el gimnasio el domingo a las 7.30hs – temprano, sí, pero también tiene que ver con el jet-lag. Spinning, baile con la música a full, y pesas. Todo sirve. Y nuevamente, la libertad para encontrar esa frescura mental y física necesaria para el más alto nivel, aunque ya en la tranquilidad del hotel.
 
Al igual que Los Pumas, tendrán rugby lunes, martes y jueves, visitando Vélez Sarsfield el viernes para el captain’s run. Además de usar la cancha del SIC usarán también las instalaciones de River Plate para algunas de sus sesiones.
 
El rugby mundial suele rendirle pleitesía a los All Blacks. Son los mejores en casi todo lo que hacen. No son perfectos y cada jugador es una historia en sí mismo.
 
El tema es que cuando se juntan con el helecho y la negrura de su ropa todo cambia y la individualidad sólo sirve como modo de expresión deportiva. Se convierten en una máquina aceitada, el sueño de cualquier CEO de empresa multinacional en constante búsqueda de modos para mejorar la productividad.
 
Lo que de afuera parece sencillo es parte de un proceso que arranca en la base, en el pueblo de Masterton en Wairarapa, en las afueras de Whangarei en North Auckland, en el poblado de Lumsden en Southland o en tantos otros lugares de un país nacido para el rugby. También miran hacia Suva en Fiji, Nuku’alofa en Tonga y Apia en Samoa – la enorme diáspora del Pacífico hacia Nueva Zelanda les permite ver a sus hermanos menores como una fuente de recursos, más allá que varios de los jugadores de origen isleño llevan años en el país de los All Blacks.
 
Los Pumas
 
Los Pumas encaran una semana siempre difícil – ya deberían estar recuperados del jet-lag que, valga la aclaración es más difícil cuando el recorrido es oeste a este – y listos para preparar el partido de Vélez.
 
Hay signos de pregunta sobre la recuperación de algunos jugadores y sólo sabremos en estos días si llegan. El cuerpo y la mente empiezan a pasar factura de un año largo y encima enfrente están los de negro. El envión pierden empuje y aunque la mente quiera, el cuerpo a veces frena.
 
El Huevo Hourcade está en el proceso de encontrar las razones de la caída en nivel en Australia y definiendo como volver a jugarle a los All Blacks con esperanzas de un equilibrio. Todos queremos que ganen Los Pumas, sobre todo los jugadores. Hoy parece imposible. El sábado tendremos más respuestas.
 
Empieza una semana en la que la presencia de los All Blacks en la ciudad oscurece el ambiente, no de manera negativa, muy por el contrario. Tener a los mejores del mundo y que con los años serán considerados los mejores de la historia es motivo de alegría.
 
Sin cambio al fixture
 
La semana pasada, en este misma tribuna de opinión nos preguntábamos si no era tiempo de revertir el orden de los partidos y terminar la temporada del Rugby Championship recibiendo a los All Blacks, pero sobre todo si la gira por Oceanía no podía comenzar en Australia y luego cruzar el Mar de Tasmania.
 
El tema se trató en las recientes reuniones de SANZAAR en Sydney. Los All Blacks no estaban de acuerdo ya que prefieren el orden ya establecido. Así solo viajan al final – jugar en Sydney es un viaje de poco más de tres horas, y el cambio horario es mínimo. El beneficio deportivo para ellos es gigante.
 
Sudáfrica, obviamente, prefiere mantener el fixture como está y recibir a los All Blacks sobre el cierre. Y como dijimos, el torneo debe arrancar en Sydney con los Wallabies de local contra Nueva Zelanda.
 
Hubo votación y la postura argentina no prosperó. “Split vote for both things and therefore no change” (voto empatado en las dos posturas, por ende no hay cambio) me contestó por whatsapp uno de los participantes de esas reuniones donde también se analizó el futuro del Súper Rugby, entre otras cosas.
 
Seguirá entonces el status quo en el torneo más difícil del rugby mundial.
Autor: Mundial XV
Foto: All Blacks
Fuente: Mundial XV
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