> 03 de Septiembre de 2015
1999, año del nacimiento de la Puma-maní­a

El primer Mundial profesional fue el de 1999 y Los Pumas empezaban a ensamblar amateurs con jugadores establecidos en Europa. En otra entrega de OCA camino al Mundial 2015, Frankie Deges recuerda cómo quebraron el maleficio de quedarse afuera en primera ronda y también aborda el nacimiento de la Puma-manía.

El efecto Nelson Mandela puso al rugby en un lugar nuevo al terminar Rugby World Cup 1995. Sudáfrica fue el campeón y aquel momento sublime en el que François Pienaar recibe de manos de la personalidad mas importante del Siglo XX es una foto que sigue poniendo al rugby en un pedestal único.
 
Detrás de escena, la situación era distinta. Se estaba definiendo el profesionalismo y los Springboks, Wallabies y All Blacks, además de algunos de los principales jugadores de la época, atendían dos teléfonos: el de una liga por fuera de los órdenes establecidos y el de las uniones nacionales que no querían perder el control del juego. De hecho, las de Nueva Zelanda, Sudáfrica y Australia habían formado SANZAR y firmado un contrato de 550 millones de dólares por diez años. Todo esto, anunciado en Ellis Park que 24 horas después recibiría la gran final entre All Blacks y Springobks. Necesitaban los jugadores. Argentina se quedaba afuera del Hemisferio Sur.
 
Según el fantástico libro del australiano Peter FitzSimmons “The Rugby Wars” estaba todo encaminado hacia la creación de un circuito profesional por fuera de las uniones hasta que el mismo Pienaar se dio vuelta (empujado por un gran acuerdo económico individual) y esto condicionó todo. Los jugadores terminaron firmando a precios exorbitantes para sus uniones y unos meses después, en París, el International Rugby Board resolvió que el rugby sería un deporte abierto en el que podía jugarse por dinero o en forma amateur.
 
Si bien la UAR fue una de dos uniones en contra del profesionalismo, en el ’96 Lucho Gradín, su presidente, tomó una decisión ejecutiva clave: permitió a los jugadores que emigraran al rugby profesional seguir integrando Los Pumas.
 
Llevó un tiempo, sobre todo a los países europeos, acomodarse al nuevo mundo. Los Pumas sufrieron en carne propia este renovado paradigma; la primer gira a Inglaterra en 1996 los vio envueltos en el caos que allí se vivía. Unos meses mas tarde en Nueva Zelanda sufrieron a uno de los mejores equipos de la historia en carne propia: 93 a 8 y 62-10. Quedaba claro que el amateurismo debía acercarse al profesionalismo.
 
Era necesario un cambio
 
Algo tenía que cambiar y la UAR asumió su parte de la responsabilidad y los jugadores trabajaron con una renovada actitud. Claro que el año del Mundial fue caótico. Los jugadores decidieron que no querían seguir siendo dirigidos por José Luis Imhoff. Tomaron la responsabilidad Alex Wyllie, el ex All Black que colaboraba desde noviembre del ’96 y a quien los jugadores respetaban, y Pipo Méndez. Algo se rompió entre ellos y Méndez renunció unos días antes de la partida hacia Cardiff.
 
Encima, hasta último momento no se sabía que pasaría con Mario Ledesma y Pedro Sporleder, suspendidos en la URBA y que necesitarían una dispensa especial. Fue todo raro: al partir al Mundial, desde Ezeiza un jugador salió con su pasaporte vencido y otro con el del hermano. El capitán Arbizu, enfermo, viajó después.
 
Parecía que se repetiría lo habitual en los mundiales, mas allá de que no se jugó mal contra Gales en el partido inaugural en un Millennium que ni siquiera tenía seca la pintura. Fue 23 a 18 y el pie de Gonzalo Quesada empezaba a hacer daño. Tras ese partido se perdió al Pato Grau, suspendido, que regresó a Mendoza.
 
El segundo partido era contra Samoa que en el debut había derrotado a Japón 64 a 15. No venía bien la mano en un gris y lluvioso día en Llanelli. El rival que los había derrotado en los dos anteriores mundiales parecía que seguiría con esa tónica. Fue 16 a 3 el primer tiempo y Los Pumas estaban desorientados.
 
Dicen que Wyllie, para entonces el Head Coach del seleccionado, indignado entro insultando a los jugadores en vestuario y salió sin haber sido coherente. Arbizu tomó la posta, calmó a sus compañeros que veían como se iba otro Mundial, y con una renovada calma salieron a jugar el segundo tiempo. Siete penales y un drop de Quesada se sumaron al try del fantástico Turco Alejandro Allub para dar vuelta el partido y ganar 32 a 16.
 
Quedaba un débil Japón al que se le ganó por 33 a 12. Dos día antes, Samoa le había ganado a Gales y eso dejó a Los Pumas y a estos dos equipos empatados en cuatro puntos. La peor diferencia de puntos hizo que Argentina quedara en tercer lugar. Como eran cinco zonas de cuatro equipos, clasificaba el primero de cada zona y los cinco segundos jugaban contra el mejor tercero, que fueron Los Pumas, para definir los otros tres cuarto-finalistas. Este repechaje, casi un octavo de final, fue frente a Irlanda. Ese fue el día que Los Pumas se ganaron un lugar en el corazón de las nuevas generaciones.
 
Esa noche de Lens
 
No fue tanto por el juego pero sí por la solidaridad con que defendieron su ingoal en los minutos finales de la batalla contra los de verde. Fue un 28 a 24 que se revive en la memoria colectiva de nuestro rugby a través del repetido try de Diego Albanese. Fue mas que eso, fue la entrega total para que los irlandeses no consiguieran el try. Centímetro a centímetro, los irlandeses intentaban avanzar pero eran repelidos por los dañinos tackles Pumas. Nacía la Puma-manía en la fría noche de Lens, Francia, el 20 de octubre.
 
Primera vez en cuartos de final pero la vara se había elevado no solo en el juego – aunque Francia había tenido suerte para terminar primero en su zona – pero porque tras ni siquiera poder dormir por la excitación, hubo que cruzar a Irlanda y en tres días volver a jugar. No obstante, fue un 47 a 26 que mostró que con tiempo de recuperación ese Mundial podría haber hasta traído una alegría mayor. Jugado un domingo de elecciones nacionales, los principales candidatos no fueron a votar hasta que terminó la transmisión que fue, además de ESPN, por canal abierto.
 
Al regreso al país los Pumas fueron recibidos como héroes; desde el programa Café Fashion donde se contaban chistes y sobraban mujeres de poca ropa a la mesa de Mirtha Legrand, desfilaron por todas partes. Hubo quienes fueron a verlo a Carlos Menem, presidente que salía, y quienes visitaron al electo Fernando de la Rúa. Pumas, pumas, pumas. Durante un tiempo estuvieron en todas partes.
 
El Mundial siguió
 
Pero Rugby World Cup seguía. En cuartos de final, además de Francia habían pasado los australianos que derrotaron al local Gales (24-9), los All Blacks (30 a 12 a Escocia) y Sudáfrica a Inglaterra 44 a 21 el día de los cinco drops de Jannie de Beer.
 
Las semifinales fueron en Twickenham y ambas fueron espectaculares. Sudáfrica no pudo con los Wallabies que lo ganaron 27 a 21; fue un drop impresionante de Stephen Larkham el que empató el partido antes del final y lo llevó al tiempo extra.
 
Al día siguiente, los All Blacks no pudieron con unos franceses que jugaron el partido de sus vidas: cuatro tries para el 43 a 31 mentiroso – los de negro apoyaron un par de tries sobre el cierre como para que parezca menor la diferencia.
 
Poco interesante, por que los mismos jugadores preferían ni estar en esa fría noche de Cardiff, fue el partido por el tercer puesto; reeditando la final del ’95 los Boks le ganaron 22 a 18 a los All Blacks. Dos días mas tarde Australia fue muy superior a una Francia que había ganado su final la semana anterior. El 35 a 12 fue la final con resultado mas amplio de todas las jugadas hasta 2011.
 
No fue un gran Mundial en líneas generales. Debutaron Los Teros de Uruguay y de su primer Rugby World Cup se trajeron el triunfo con España y la emoción de estar con los mejores. Nuevamente, con partidos distribuidos en cinco países, se perdió esa sensación de gran torneo. Ganó el equipo mas defensivo de todos – solo le hicieron un try en todo el Mundial – y el juego fue en general chato.
 
Claro que todo eso fue compensado, desde el corazón celeste y blanco, con lo hecho por Los Pumas.
Autor: Frankie Deges
Foto: Archivo
Fuente: Mundial XV
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