> 16 de Julio de 2015
La RWC 1991 marcó un nuevo piso

El segundo mundial de rugby marcó el sostenido crecimiento del deporte tanto dentro como fuera de la cancha. Australia fue el campeón, pero el rugby seguía avanzando, como cuenta Frankie Deges en la sección OCA te entrega el camino al Mundial.

Así como el primer Mundial tuvo la revolución del rugby de los All Blacks, el segundo fue más conservador en el juego pero tuvo su revolución fuera de la cancha. En 1987 la televisión había llevado el rugby a un mercado deportivo mas grande, pero en 1991, los cambios técnicos fueron claves en el despegue definitivo de la marca Rugby World Cup.

Los directores de Rugby World Cup habían aprendido mucho con la experiencia de 1987 y apostaron fuerte en el tema televisivo al aceptar a ITV como host broadcaster. La empresa televisiva introdujo una serie de ideas novedosas que mejoraron considerablemente la transmisión, siendo la primera vez que se usaron en la cobertura de deportes. Entre los cambios estuvo la mayor sofisticación en las repeticiones, mayor cantidad de ángulos e información gráfica que suplementaba la información ya disponible. Vale decir que la matriz usada en 1991 marcó nuevos niveles de cobertura y sigue siendo la base que se utiliza hoy.

De hecho, ITV Sports, sin ser un canal que muestra rugby doméstico (acaba de firmar un multimillonario contrato para tener el Seis Naciones), ha sido la propietaria de los derechos para Gran Bretaña de cada uno de los mundiales desde entonces. En 2015 será por tercera vez Host Broadcaster.

Para entender el rol de la televisión, dos datos explican a cuanto ha crecido el tema. En 2003, ITV tuvo picos de rating de 14 millones en la final jugada a primera hora de la mañana en Inglaterra. Y para 2015, con un gasto millonario, ITV tendrá en su panel de notables a personalidades ovaladas de la talla de Sir Clive Woodward, Jonny Wilkinson, Jason Robinson, Lawrence Dallaglio, Brian O'Driscoll, Gareth Thomas, Sir Ian McGeechan, Sean Fitzpatrick, George Gregan, Francois Pienaar, Michael Lynagh, Ben Kay, Shane Williams, Scott Hastings y Geordan Murphy.

Aquella explosión televisiva hace 24 años permitió que mas países y territorios se sumaran a la compra de derechos y por ende más personas vieron rugby. En nuestro país – la actuación Puma se analizará en otra columna – la transmisión del debut argentino se vio sin inconvenientes pero el segundo partido, contra Gales, no se pudo ver en su totalidad por una “desprolijidad” en la compra de derechos. Luego, solucionado el inconveniente, se pudieron ver algunos partidos, aunque la cobertura no fue ni tan buena, ni tan seria desde los comentarios, como sería a partir del desembarco de ESPN a partir de RWC 1999.

En este escenario de crecimiento constante, los jugadores empezaban a demandar su participación. En enero del ’91, poco antes de empezar el Cinco Naciones, Inglaterra cayó en uno de sus puntos más bajos cuando los jugadores se negaron a dar entrevistas televisivas  luego del partido con Gales. La compañía de promociones que habían formado como grupo, Instyle Promotions, luego pidió cinco mil libras para estar disponibles para el resto del torneo.

“No es una cuestión de dinero,” intentó explicar Will Carling, el capitán de aquel equipo. “Pasa que los jugadores están podridos de que la prensa los llame a toda hora y en cualquier lugar.” Por lo menos, de cara al Mundial los ingleses ganaron el Grand Slam de ese año y la opinión pública no los rechazó.

En el programa del primer partido, el 3 de octubre de 1991, Russ Thomas, Chairman de Rugby World Cup, escribía: “Hay cualidades que merecen ser preservadas y dentro del clamor por el cambio en nuestro juego debemos recordar mantener una sensación de proporción y mantener la correcta perspectiva, caso contrario podríamos perder mucho de lo que tanto queremos”.

Claro, el IRB no se había quedado en el tiempo. En 1989 se había creado el fideicomiso International Rugby Settlement del que se habían desprendido Rugby World Cup Limited, con sede en el paraíso fiscal de la Isla de Man, y Rugby World Cup BV en Rotterdam para manejar las licencias. El objetivo era maximizar los ingresos y poder luego sí, tener mas fondos para el desarrollo mundial. En épocas donde la FIFA está tan cuestionada, el camino del rugby ha sido extremadamente prolijo. A los hechos hay que remitirse: desde que empezó la historia mundialista a la fecha, se han multiplicado por dos y en breve por tres la cantidad de jugadores. El crecimiento comercial ha sido exponencial.

Los All Blacks, de la mano del futuro entrenador de Los Pumas Alex Wyllie, pasaron por Argentina, gira de nueve partidos donde mostraron su poderío. Internamente estaban quebrados al punto que al volver la unión neozelandesa impuso a John Hart como co-entrenador. Agua y aceite, campesino y citadino, duro y suave. No pegaban ni con plasticola y las claras diferencias entre ambos estilos hicieron que el mundial de los de negro fuera un fracaso.

Arrancaron en Twickenhamn en el partido inaugural con un triunfo frente al local Inglaterra, un 18 a 12 que tuvo nuevamente en Michael Jones como el que apoyó el primer try – cuatro años antes, el primer try de la historia mundialista había sido try-penal, pero el primero de un jugador había sido del notable tercera línea.

No fue esa la sorpresa de la primer fecha. Podría haber sido Argentina que le marcó dos tries de antología a Australia (cayeron 32 a 19 en Llanelli) pero fue Western Samoa quien derrotó a Gales en el Cardiff Arms Park por 16 a 13. La humillación fue enorme mas allá de que hoy uno de los tries (el de To’o Vaega) de los ganadores no hubiera sido convalidado por ningún TMO. No existía el recurso entonces y con el triunfo Peter Fatialofa, Apollo Perelini, To’o Vaega, Brian Lima, Sila Vaifale y Frank Bunce pasaron a ser figuras instantáneas. Y un riesgo para dentro de dos fechas para los argentinos.

Fueron los western samoanos – perderían la primera parte del nombre para 1999 – los que patearon el tablero y en menor medida los canadienses que jugaron todo su Mundial en Francia. Es que, como contamos en la columna anterior, el torneo se dividió en los cinco países del entonces Seis Naciones y un Canadá con Gareth Ress y Al Charron como figuras destacadas, nunca estuvieron en Gran Bretaña.

Los Pumas pasaron con mucha más pena que gloria y se volvieron tras la primera ronda. Western Samoa se quedó sin nafta en Edimburgo al perder 28 a 6 el cuarto de final con el local mientras que a Canadá le tocó en suerte jugar bajo la lluvia con los All Blacks cayendo 29 a 13 pero yéndose con la cabeza en alta. En Paris, Inglaterra le ganó la batalla a unos nerviosos franceses (19 a 10)que terminaron maltratando al referí David Bishop – entre Pascal Ondarts y el entrenador Daniel Dubroca lo empujaron y escupieron en el túnel del Parc des Princes. El cuarto de final tuvo un gran desenlace. Irlanda le apoyó un try a un par de minutos del final a los australianos, dejándolos afuera del Mundial. Pero con una tranquilidad y seguridad, en la siguiente jugado Michael Lynagh apoyó en la bandera para al agónico 19 a 18.

En las semifinales Inglaterra debe agradecerle a Gavin Hastings que les dio sobrevida al errar un penal debajo de los postes y pasar así a la final (ganaron 9 a 6) mientras que en Dublín, el favorito de todos, Australia le ganó claramente 16 a 6 a unos All Blacks que habían perdido la batalla de la amabilidad y del rugby. Hoscos, malhumorados, hasta habían cobrado entrada a sus entrenamientos. Los Wallabies, por el contrario, se abrieron a los irlandeses que los apoyaron. Mas allá de eso, con Tim Horan imparable, Campese y sus dos tries, la presencia de John Eales le quitó argumentos a los All Blacks.

La final fue en un Twickenham repleto. Recuperado de una lesión sufrida en cuartos de final, el capitán Nick Farr-Jones pudo recibir la Webb Ellis Cup de manos de la reina Isabel. El 12 a 6 con que le ganaron a un duro equipo local que modificó la forma en que venía jugando el torneo justo en la final, le permitió a los Wallabies controlarlos con una defensa tan infranqueable como que solo le apoyaron tres tries (dos de Los Pumas) en todo el torneo.

El crecimiento del producto rugby marcaba la inevitabilidad del cambio que se vendría. El rugby amateur en cierto nivel ya era una falacia. Los reglamentos había que acomodarlos; para eso faltarían cuatro años mas.

Autor: Frankie Deges
Foto: Sporting-Heroes
Fuente: Mundial XV
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