> 24 de Junio de 1995
Mandela lo ideó, los Boks lo lograron

Tras décadas de odio racial, Sudáfrica se unió desde lo deportivo en busca de un objetivo social. El título en la Copa del Mundo sirvió de puntapié para solidificar las bases de una nación marcada por la fragmentación de clases.

Sudáfrica, campeón en su tierra

En tiempos de la Guerra Fría, en lo único que estaban de acuerdo rusos, americanos, chinos, el mundo entero, era que lo de Sudáfrica resultaba intolerable. Ni un solo país hizo algo al respecto, ni una sola organización internacional. Fue un hombre el que se lo propuso: Nelson Mandela. Y se valió de uno de las mayores competencias deportivas a nivel mundial: la Copa del Mundo de Rugby.

Allí estaban los Springboks, un equipo libre de restricciones deportivas desde 1992, y que en el juego, estaban lejos del primer nivel. Quizás por el hecho de ser locales tendrían una fuerza extra, pero nadie los ponía entre los máximos candidatos a levantar la William Webb Ellis. Sí figuraban Inglaterra, Nueva Zelanda y Australia, dueño del cetro en la edición 1991.

Sin embargo, los Boks dieron el golpe en la apertura del certamen, cuando superaron 27-18 a los Wallabies en Ciudad del Cabo. Ya en ese duelo comenzó a resaltarse el trabajo de Joel Stansky, quien convirtió 22 puntos, producto de un try, una conversión, cuatro penales y un drop. Para todos los gustos.

A partir de allí, Sudáfrica ganó los cuatro partidos restantes, incluyendo una semifinal para el infarto. Bajo el diluvio en Durban (debieron sacar el agua de forma manual), los Springboks quebraron la resistencia de Francia con un dudoso try de Rubén Kruger –“el asesino silencioso”, apodo que le puso el head coach-, y suspiraron aliviados cuando a Les Blues no le dieron un try en una jugada de características similares, con el francés Abdel Benazzi como protagonista.

Del otro lado aparecían los All Blacks, el cuco del torneo, que literalmente pasaron por encima de Inglaterra en Ciudad del Cabo, en una de las producciones más espectaculares del Mundial. Cuatro tries impresionantes del Gigante Lomu -tryman de esa copa junto a su compañero Marc Ellis, con siete conquistas-, y hasta un drop de Zinzan Brooke consumaron la fiesta kiwi.

La gran final enfrentaba la garra defensiva de los Springboks con la opulencia ofensiva de los All Blacks. Sin embargo, nadie pasó la muralla verde esa tarde. Sólo la pegada de Andrew Mehrtens hizo daño en un match que se definió en tiempo suplementario por primera vez en la historia. Y fue Joel Stransky el gran héroe de esa tarde, quien con un drop (ya había anotado otro y tres penales en ese encuentro) le dio el triunfo y la gloria inesperada a todo un país.

Ese equipo, conducido por Kitch Christie, se hizo fuerte desde la defensa, con un pack proveniente casi en su totalidad de Lions y liderados por Francois Piennar, el capitán de ese seleccionado. Sólo cinco tries recibieron en todo el Mundial (tres en la primera fase y dos Samoa), y fue el equipo menos goleado con 67 puntos en contra (11,15 por partido).

Claro que esa férrea defensa hacía un equipo más táctico y de menos vuelo ofensivo, pero no por eso menos efectivo. Marcó pocos tries comparado con los campeones anteriores, pero tuvo el recambio necesario en los momentos justos. Por caso, Chester Williams (único jugador negro de ese plantel) saltó de la banca frente a Samoa, por los cuartos de final, y se despachó con cuatro tries.

Los Pumas tuvieron otra presentación para el olvido, en la que se cruzó con rivales mundialistas conocidos (Samoa e Italia), pero corrió igual suerte que en Inglaterra 1991, donde cayó en los tres encuentros disputados. No obstante, su baja performance fue producto de malas decisiones previas y un enemigo extra: el infortunio.    

A fines de 1994 y luego de una interesante gira por Sudáfrica, Tito Fernández y Pipo Méndez pegaron el portazo al no sentirse apoyados por la dirigencia de la UAR.

En reemplazo de esa pareja emblemática asumieron Alejandro Petra y Ricardo Paganini, entrenadores respaldados por buenos resultados conseguidos como técnicos en Tucumán y Rosario, respectivamente, pero con pocas afinidades rugbísticas.

En la gira previa por Australia, Los Pumas se quedaron sin Gonzalo Camardón y Santiago Mesón, dos de los jugadores más valiosos de la época. Camardón era un crack y el tucumano atravesaba el mejor momento de su carrera y estaba infalible a los palos.

La mala racha continuó durante el certamen. En el debut con Inglaterra se perdió por seis de diferencia, ante un rival que sólo sumó por la puntería de Rob Andrew. En el segundo compromiso con Samoa, Los Pumas llegaron a sacar trece puntos de ventaja apenas se inició el complemento.

Pero el fuerte viento en contra y la reacción samoana dieron vuelta la historia para finalizar abajo en el score por seis de diferencia a pesar de contar con varios scrums a 5 yardas que los isleños derrumbaron sin pudor y no fueron sancionados con try penal por el juez Dave Bishop.
 
Quedaba el encuentro con Italia  -también eliminado- en el que Agustín Pichot tuvo que guardarse sus ganas y su talento en el banco de suplentes, como en toda la copa (no ingresó ni un minuto), y para colmo, dos argentinos con la camiseta azzurra, Diego Domínguez y Mario Gerosa fueron fundamentales en la victoria italiana, oh casualidad, por seis de distancia.

Resta recordar que se disputó otro Mundial que se jugó subterráneamente y en el que no cabían las fantasías: el rugby ya estaba listo para dar el salto histórico hacia el profesionalismo. Mandela apostó a la Copa del Mundo para lograr la unificación social tras la abolición del apartheid. Y le dio resultado. Claro que no lo hubiera logrado sin la colaboración de treinta aliados de lujo: los Springboks.

Autor: Mundial XV
Foto: Archivo
Fuente: Mundial XV
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