> 02 de Noviembre de 1991
Australia se sacó la espina

Tras haber sido eliminado a manos de Francia en las semifinales de Nueva Zelanda 1987, los Wallabies se adjudicaron la segunda Copa del Mundo, disputada en Inglaterra, al superar a la Rosa 12-6 en la final.

Campese, la figura australiana, levanta la Copa

Tras el éxito del Mundial de 1987 como antecedente, la IRB decidió trasladar la Copa del Mundo al Hemisferio Norte cuatro años después. La sede oficial fue Inglaterra, aunque Francia, Gales, Irlanda y Escocia –en menor medida-, también pudieron hospedar varios partidos de la segunda fiesta del rugby.

A diferencia de la primera edición, los miembros de la IRFB –Australia, Nueva Zelanda, Inglaterra, Francia, Irlanda, Escocia, Gales y Fiji- no estaban acompañados por otros ocho equipos invitados, sino por países que habían superado exitosamente el proceso clasificatorio en el que participaron 32 naciones. Una vez más, 16 selecciones dirimirían por la William Webb Ellis.

No obstante, desde la máxima entidad del rugby, se implementaría un cambio con respecto a la manera de puntuar a los países en la fase inicial. Mientras en Nueva Zelanda 1987 se otorgaban dos puntos al ganador de un partido y uno a los conjuntos que empataran, en 1991 el país que se llevara la victoria se adjudicaría tres tantos, los que consiguieran igualar, dos, y los perdedores, una unidad.

Australia y Francia, grandes animadores en 1987, contaban con argumentos suficientes para levantar el título. Sin embargo, era lógico pensar que los All Blacks contaban con las mayores chances de repetir. Sobre todo tras la victoria 18-12 sobre Inglaterra, el otro candidato -por ser anfitrión-, en el match de apertura, disputado el 3 de octubre en Twickenham, la cuna del rugby mundial.

Con pocos obstáculos, el conjunto kiwi pasó de ronda sin sobresaltos, y alcanzó las semifinales al superar con comodidad 29-13 a Canadá. Pero en esa instancia se terminó el sueño del bi (luego finalizaría 3º, tras superar a Escocia 13-6), ya que se topó con quien días más tarde se adjudicaría el reinado del mundo ovalado: Australia.

El seleccionado Wallabie fue el único equipo que no le permitió marcar tries a los de negro en un partido durante los dos primeros torneos mundialistas. Fue 13-6 para los dirigidos por Bob Dwyer, que defendieron a puro tackle en el complemento, finalizando así con el reinado neocelandés. Stop.

Porque para llegar al choque definitivo, los australianos debieron sortear una zona compleja, en la que incluía cruces con Los Pumas, Samoa y Gales. Tres victorias en igual cantidad de encuentros le dieron consistencia a un seleccionado que sólo recibió 55 puntos en contra en todo el certamen (9,15 puntos por partido de promedio).

Esa solidez defensiva y un perfecto entendimiento entre todos los componentes de su equipo, fueron la base fundamental para lograr el máximo objetivo.

Claro que tuvo que sufrir cuando se topó con Irlanda en los Play Off de Cuartos de Final. En Lansdowne Road, Dublín, los Irish se imponían 18-15 a falta de cinco minutos, pero apareció Michael Lynagh, autor de más de la mitad de los puntos de su equipo en la competencia, apoyó, y le dio una vida más a su equipo, que después sí, navegó a velocidad crucero hasta levantar el trofeo.

Allí lo esperaba Inglaterra, que había superado a Francia por 19-10 en París, en un encuentro que fue testigo de la aparición número 93 y última de Serge Blanco con la casaca de Les Blues.

Como tantas veces, un colmado Twickenham esperaba por una final que otra vez reuniría a un equipo de cada hemisferio. El triunfo de Australia por 12-6 volvió a demostrar que aún existían algunas diferencias entre las potencias del Sur y los equipos del viejo continente. Los Wallabies eran campeones y había méritos de sobra.

Además del excelente juego en conjunto, en lo individual contaban con maravillosos jugadores, uno de ellos, David Campese, quien fue elegido como el mejor del torneo. El wing, máximo anotador de tries en la historia de Australia (marcó 64), patentó su extraordinario paso de ganso, que asombró a rivales y compañeros.

Lejos de estar sólo, en el XV titular se podían advertir nombres como el de Nick Farr-Jones, medio scrum y capitán, Michael Lynagh, autor de más de la mitad de los puntos del equipo, Tim Horan y un muy joven John Eales, que con 21 debutó ante Gales y no abandonó la cancha hasta el final del Mundial.

Ese Mundial no guarda gratos recuerdos para Los Pumas, que sufrieron otra dura decepción. Una vez más se quedó en la primera fase, pero en esta oportunidad no pudo ganar ningún partido (cayó ante Samoa, Gales y Australia), aunque le quedará el consuelo de haber sido el conjunto que más puntos le anotó en un partido al campeón (19).

Por ese entonces, el conjunto de Luis Gradín y Guillermo Lamarca se encontraba en una época de recambio, con un plantel joven que no pudo hacer pie.

Este Mundial también marcó la primera aparición de un árbitro argentino en una RWC: Efraím Sklar dirigió el 8 de octubre en Glocester, Escocia, el encuentro en el que los All Blacks humillaron a las Águilas de Estados Unidos por 46-6, y tuvo la oportunidad de ser juez de línea en otros partidos.

Por último, queda por destacar las actuaciones de Samoa y Canadá. Los oceánicos fueron el primer seleccionado de los llamados “países menores” en hacer historia. Con su tackle combativo y su potencia física, los samoanos alcanzaron los cuartos de final, dejando eliminado en primera fase a Gales, la decepción del certamen.

Los canadienses, por su parte, derrotaron a Fiji y a Rumania, y a pesar de haber perdido ajustadamente ante Francia, también llegaron a cuartos de final. La segunda fiesta del rugby mundial quedó consumada y dejó opiniones para todos los gustos. La coincidencia de que Australia fuera un inobjetable campeón, sin embargo, fue unánime.

Autor: Mundial XV
Foto: Archivo
Fuente: Mundial XV
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